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La contaminación acústica es un problema que se da en todos los ámbitos. Un sonido ensordecedor producido por el tráfico, la multitud de teléfonos sonando en la oficina de al lado, el elevado tono que se produce en ese patio de colegio…Podemos reducir el volumen de nuestra vida diaria llevando a cabo pequeñas acciones. Si todos adoptamos una actitud responsable con el ruido que generamos, conseguiremos reducirlo y mejorar el ambiente de nuestra vida diaria. Al fin y al cabo, el silencio es clave para la concentración e imprescindible para el entorno laboral y escolar.

Cuando vas en transporte público: ¡Evita hablar tan alto! El metro o el autobús son lugares en los que debe reinar la convivencia. Por eso, debemos respetar el derecho al silencio de los demás. Por cierto, ¿quieres escuchar esa canción que no dejas de cantar? ¡Unos auriculares siempre son buena idea! El transporte público es de todos y para todos. Por eso, el respeto es vital para disfrutar del viaje. ¡Por cierto! Si lo que te gusta es ir a tu aire, nada mejor que usar la bicicleta. ¡Es sana y no emite ruido!

Cuando estás en la escuela: Los colegios, institutos o universidades pueden estar situados en lugares céntricos dentro de cada barrio. ¿Alguna vez has pensado cuánto puede molestar a los vecinos la acumulación de sonidos y gritos? Sabemos que estás deseando salir a descansar ahí afuera, pero, por favor, ¡piensa en los demás! La música también puede ser algo molesta, por eso, hay que programar las actividades en las que esta sea necesaria, con el fin de no perturbar el día a día del resto del vecindario. Dentro de las aulas, uno de los problemas frecuentes es la reverberación, es decir, el efecto producido por el rebote de las ondas sonoras en las paredes. Este eco provoca que el alumno reciba multitud de copias de un mensaje hablado, como consecuencia de la reflexión del sonido sobre paredes y objetos del recinto. Sin duda, puede evitarse con la aplicación de medidas de sensibilización.

Otro día en la oficina: Las jornadas laborales pueden resultar aún más estresantes si estamos sometidos a un ruido continuo. La concentración necesaria para ocupar nuestras tareas puede verse afectada por el volumen de nuestro entorno de trabajo. Por eso, el primer paso es la concienciación. Seguro que debes hacer esa llamada, pero ¡controla tu volumen! ¿Seguro que es necesario tener la puerta abierta? Sé respetuoso, no teclees con tanta energía, intenta mantener un tono de voz discreto… ¡todo será más fácil y ameno!

¡Por fin en casa!: La empatía es clave en la lucha contra la contaminación acústica. Por eso, es importante controlar los horarios en los que realizamos ciertas tareas. El uso de algunos electrodomésticos provoca vibraciones bastante molestas, que pueden incomodar a los vecinos. ¡Ah! Controla el volumen de la televisión y la radio, especialmente en horario nocturno. El sueño y el descanso puede verse afectado por el ruido, provocando dolores de cabeza, irritabilidad, aumento de la presión sanguínea o fatiga, entre otros.

Todas estas acciones son pequeños gestos que pueden mejorar, y mucho, tu vida y la de los que te rodean. Sin realizar demasiados esfuerzos, podemos disminuir la contaminación acústica. La receta para hacerlo es fácil: respeto, amabilidad, conciencia y empatía. ¡Haz ruido contra el ruido! El cambio empieza en ti.

 

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