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La empatía es una cualidad importante para convivir: en el trabajo, en nuestro edificio vecinal, en el transporte público, en un parque o en un restaurante. La capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos es fundamental a la hora de llevar a cabo simples acciones cotidianas, ya que lo que para nosotros no supone un problema a otros les puede resultar molesto. Molestias que debemos, más si cabe, tener en cuenta no cometer, sobre todo si además producen fastidiosos ruidos.

Según la Organización Mundial de la Salud el ruido es “una amenaza infravalorada”. Convivimos con él, desarrollamos buena parte de nuestra actividad diaria rodeados de él, pero no somos demasiado conscientes de que una exposición prolongada puede afectarnos. A todos nos molesta el ruido. Hacemos un repaso de algunas molestias sonoras que TODOS comentemos alguna vez sin darnos cuenta.

  • Tocar el claxon del coche. Cuando esperamos a alguien en nuestro automóvil y le advertimos de nuestra presencia, cuando celebramos desaforados la victoria de nuestro equipo de fútbol o cuando avisamos al conductor que ha aparcado en doble fila y no nos deja salir. ¡Cuidado! Además de asustar y molestar a viandantes y vecinos estamos incurriendo en una infracción de circulación, ya que solo se puede utilizar la bocina para señalar peligro en la calzada.

  • Llevar tacones en casa. Llevar zapatos con tacones en casa puede molestar a nuestros vecinos de abajo, y si además lo hacemos en horas intempestivas, mucho más. Tal vez en nuestra casa no nos demos ni cuenta, pero en la cabeza del vecino el “toc toc” retumbará sin duda. Utilicemos unas cómodas zapatillas y así mantendremos también los pies calentitos. Si tenemos visita podemos proveernos de zapatillas para invitados, algunas marcas tienen sets con varios pares, antideslizantes y super cómodas.

  • Alzar la voz. No por mucho gritar nos van a hacer más caso. Intentemos moderar nuestra voz en la calle, bus o lugares cerrados cuando hablamos por teléfono o mantenemos una conversación con varias personas. Si levantamos la voz probablemente nuestro interlocutor también lo haga por pura inercia para adecuarse a nuestro volumen. Recuerda que al resto de los mortales no les interesa los detalles íntimos de nuestra vida.

  • Escuchar música. Dicen que la música amansa a las fieras, pero tal vez los vecinos no compartan nuestros gustos musicales y sean ellos los que se pongan como un animal. Intentemos adecuar el volumen o utilicemos auriculares para disfrutar de los últimos hits.

 

¡Recuerda nuestra libertad termina donde comienza la de los demás! La lucha contra la contaminación acústica es una acción individual y colectiva.

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